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26 abril 2013,
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Con aprecio a mis compañeros del Comité de Estrategia de Fedecámaras Mientras más desarrollada esté una sociedad, mientras más adelantada sea su organización, el margen de incertidumbre se reduce. Solo en sociedades desorganizadas, la incertidumbre tiene influencia considerable, en el sentido de la inestabilidad económica.

La incertidumbre es un fenómeno característico de las economías de mercado, libre empresa o iniciativa privada, en que las decisiones son tomadas por múltiples sujetos en un medio contradictorio y con información deficiente. En esas sociedades, el poder de previsión y de decisión está disperso, descentralizado, distribuido de manera desigual y la especulación toma frecuentemente el lugar de la planeación.
El papel que juega la incertidumbre, según Keynes, en el futuro es incomprensible; por tanto, las decisiones humanas que afectan al futuro, ya sean personales, políticas o económicas, no pueden depender de la esperanza matemática estricta, desde el momento en que las bases para realizar semejante cálculo no existen. De esta forma, la inversión dependerá del estado de confianza de los empresarios, muy sensibles a los rumores y noticias, aunque estas no posean una base real. Muchas decisiones humanas, agregaba Keynes, respecto al futuro, basaban su justificación en el capricho, sentimentalismo o el azar.
Los agentes económicos forman expectativas porque los desplazamientos de las variables endógenas afectan la utilidad o beneficio que reciben en el nuevo equilibrio. Una vez incorporadas las expectativas en el análisis, los resultados o equilibrios que el modelo construido arroje dependen de la cosmovisión que tengan los agentes. Dos de las hipótesis que se han empleado para modelar cómo perciben "el mundo" los individuos son las hipótesis de expectativas adaptativas y de expectativas racionales (o de previsión perfecta si el contexto es determinístico).
La hipótesis de expectativas adaptativas supone que los agentes, para formular un pronóstico sobre una variable endógena, lo hacen en base a los valores realizados de la variable que intenta predecir en el pasado. En el caso de prever la tasa de inflación con base en experiencias pasadas, los individuos forman sus expectativas en suponer una tasa futura, lo que dio lugar a la aplicación de modelos econométricos donde se incluían valores retardados de las variables especificadas. El problema con este tipo hipótesis llegaría a presentarse cuando las tensiones inflacionistas terminan con la relativa estabilidad de los precios de épocas precedentes, permitiendo a los agentes económicos cometer errores en sus predicciones de manera continuos y sistemáticos.
Las expectativas racionales asumen que las expectativas de los agentes coinciden con la predicción de la teoría (dada por la esperanza matemática condicionada al conjunto de información disponible). Esto último introdujo cambios sustanciales en la forma de resolver un sistema dinámico. Hasta la introducción de esta nueva hipótesis el camino seguido para resolver un sistema dinámico consistía en imponer condiciones iniciales para determinar una solución particular del problema.
Con el nuevo enfoque el problema formal cambia y el análisis económico se enriquece. Por un lado, el problema se transforma en uno de condiciones terminales o con condiciones de contexto; por otro, aparece la posibilidad de estudiar los efectos de impactos (transitorios o permanentes) anticipados en el tiempo.
Con la hipótesis de las expectativas racionales se intentó superar los hechos fallidos producto de formulación de pronósticos basados en la hipótesis de las expectativas adaptativas, ya que con la formulación de pronósticos basados en la hipótesis de las expectativas racionales, los sujetos económicos actúan considerando su carácter racional; los individuos son capaces de asimilar y hacer el uso más eficiente de toda la información relevante, no sólo de la contenida de su comportamiento histórico para poder formular una  estimación de una determinada variable a futuro. Si los individuos realizan las mejores predicciones con la información disponible, supone que los errores de predicción únicamente estarían ocasionados por shocks imprevistos y de carácter aleatorio. En un mundo regido por esta hipótesis, la política económica (anti inflacionista) serviría de poco, puesto que los agentes económicos las anticiparán y compensarán, salvo a muy corto plazo si existe un elemento de sorpresa, pero luego sus efectos se disiparán.
La hipótesis de expectativas racionales ha generado una enorme controversia en el campo macroeconómico. El enfoque no ha logrado producir resultados empíricos a la altura de las primeras esperanzas de sus defensores. Sin embargo, el enfoque de expectativas racionales ha modificado significativamente la forma de pensar de los economistas sobre el proceso de formación de expectativas, así como en el proceso de formulación de políticas macroeconómicas.
Las expectativas se forman por parte de algunos agentes económicos, principalmente los especializados en el análisis de activos financieros de valor intrínseco futuro. Los observadores profesionales de la coyuntura y los empresarios y sus asesores orientan sus conductas ajustándolas a las previsiones macroeconómicas o a las que se circunscriben a una determinada actividad. Según la influencia de estos actores en el ámbito económico y sus relaciones con otras entidades e instituciones, las expectativas que se hacen explícitas pueden difundirse y afectar la formación de otras expectativas y, probablemente, la toma de decisiones. Mientras más fluido y estable sea el clima económico, más rápidamente se difunden las expectativas con la posibilidad de que las mismas no se modifiquen significativamente trayendo consigo más fuentes de empleo, producción, progreso y bienestar económico.

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