Economía venezolana y elecciones primarias

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Publicado por El Mundo

Viernes, 10 de Febrero del 2012

Las elecciones primarias abiertas para la escogencia de un contendor presidencial son inéditas en nuestro país.

Desde ya marcan la historia política de Venezuela, ya que por primera vez las fuerzas opositoras al oficialismo se han organizado para ir a la contienda con un único candidato, presentándose en bloque como alternativa para enfrentar los problemas que han aquejado a los venezolanos durante algo más de una década.
Las elecciones de los precandidatos que se presentan este fin de semana servirán para elegir ese representante único que sea capaz de defender, con base sólida, las alternativas viables que permitan fortalecer la credibilidad de los planteamientos formulados por el bloque opositor y ganar la confianza de los votantes en las elecciones presidenciales a celebrarse en octubre de 2012 y los comicios para gobernadores y alcaldes a celebrarse unos meses después.Son muchos los retos que se presentan y reclama el país. Desde la perspectiva económica, uno de los problemas a solventar es el subempleo y el empleo informal.

Alrededor de la mitad de la fuerza productiva nacional -que supera los 14 millones de venezolanos- se encuentra en condiciones laborales precarias. Los gobiernos desarrollados están llamados a generar confianza a través de la seguridad jurídica y la seguridad personal. Mientras un gobierno facilite esa imprescindible confianza, más empleo formal y seguro estará garantizando.

Requerimos que nuestra economía se diversifique con el impulso de la renta petrolera para que, en las próximas décadas, dependamos cada vez menos de los vaivenes de este mercado. Es preciso que el ingreso por este concepto sirva para diversificar la economía venezolana en el tema agropecuario, la industria en general, los servicios especializados, la construcción y en todos aquellos sectores donde tengamos potenciales competitivos.

Si al sector privado se le obstaculiza su actividad con excesivas regulaciones, se le expropia, se le dificulta el acceso a las divisas y se le estigmatiza, son muchas las oportunidades de desarrollo y fuentes generadoras de empleo que perdemos por estas erradas políticas públicas.

Otro de los problemas crónicos es el de la inflación. Pareciera que existe un sesgo en cuanto a las cifras del Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc) y el abastecimiento. Diversos controles coercitivos han estado presentes en la última década y con mayor prominencia en el último lustro, empero la inflación no logra disminuir a niveles tolerables de un dígito.

Asimismo, se proyecta para este año una inflación de 30%, algo superior a la de 2011 – aunque sintamos cierto alivio con el 1,5% de variación de precios en enero pasado-, que ubica a Venezuela vergonzosamente como el segundo país con la inflación más alta de todo el mundo. Este indicador se reduce principalmente fomentando la producción, la oferta de bienes y servicios y controlando los excesivos niveles de liquidez.

La economía venezolana para 2012 seguramente crecerá en niveles similares a 2011, vale decir 4,5%, pero no por razones de mejoras sustantivas en la productividad, sino por el aumento del gasto público, justificado más por razones políticas a corto plazo que económicas; en descargo, una leve porción de ese crecimiento se debe a las expectativas positivas que algunas empresas privadas cifran en la estabilidad política que tendremos producto de la plataforma unitaria de la oposición, que se traducirán en tímidas inversiones e incremento de la producción.

Por último, otro de los graves problemas que debe afrontar el gobierno y de manera inmediata -fuera, aparentemente, del contexto económico- es el tema de la inseguridad, principal preocupación de los venezolanos.

En Venezuela, la violencia y la criminalidad han llegado a niveles alarmantes, que sumados a la inseguridad jurídica y las diversas medidas en contra de la propiedad, han deteriorado significativamente el clima de inversiones y la paz de todos los venezolanos.

Nuestra Constitución contempla, dentro de los derechos de los venezolanos, la protección por parte del Estado y el deber del Ejecutivo nacional de mantener y restablecer el orden público y asegurar el pacífico disfrute de las garantías y derechos constitucionales, de conformidad con la ley; pero en la realidad, los ciudadanos cada vez se ven más agobiados ante la impotencia de verse vulnerables con una delincuencia altamente violenta y poco controlada.

Indudablemente, los comicios presidenciales de este año en Venezuela harán que el ambiente político se vuelva competitivo y polarizado. En la campaña electoral de febrero de 2012, la población buscará soluciones para un país con una alta inflación, desempleo, escasez de alimentos y energía y aumento descontrolado del índice de criminalidad.

Otros problemas que se deben atacar con firmeza son los servicios públicos, asistencia médica, falta de viviendas dignas, vialidad, pobreza y educación.

El próximo candidato con miras a medirse en las elecciones presidenciales tiene la responsabilidad primordial de imprimir al país el cambio de rumbo que reclama. El candidato, en conjunción con su equipo, estará en capacidad de hacerlo en compañía de todos los sectores que hacen vida en el país y no podrán aplazar indefinidamente las decisiones requeridas por ser difíciles de implementar. La oposición está consciente del reto que significa construir una estrategia política que convierta esta fase de primarias en una precampaña que energice y comprometa al electorado, al ratificar que tiene un mensaje con sustancia y viable, una propuesta de país que plantea un futuro incluyente y exitoso para todos los venezolanos.

De allí, algunas de las implicaciones que en materia económica tienen la madurez política y los resultados electorales en un país, que en el caso de Venezuela son especialmente cruciales en este singular proceso electoral.

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