Guerra de Monedas: ¿Productividad o Devaluación?

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El Mundo

Por Moisés Bittán

Guerra Cambiaria

Hace un par de meses un grupo de analistas económicos de distintas partes del mundo anunciaban el comienzo de una “guerra mundial de divisas”, lo que implica que la mayoría de los países desarrollados y los de economía emergentes, o un grupo importante de ellos, han comenzado a aplicar iniciativas orientadas a depreciar la cotización de sus monedas con la finalidad de estimular sus exportaciones y salir de la crisis. A partir de ahí saldría a relucir el fantasma de la Gran Depresión y se generalizaría una estrategia de devaluaciones competitivas que puede causar un serio daño a la estabilidad financiera internacional y a la economía global.

En gran parte de los casos, las depreciaciones de las divisas durante épocas pasadas fueron una consecuencia de abultados déficit de las balanzas de pagos por cuenta corriente causadas por la debilidad del comercio mundial y el desplome de las exportaciones, por causa del proteccionismo, el nacionalismo económico abrazado por el grueso de los países, empezando por los EE.UU. La volatilidad de los tipos de cambio fue el inevitable y lógico mecanismo de ajuste a ese escenario.

Los bancos centrales de las grandes economías desarrolladas, en especial EE.UU., Japón, Reino Unido y la Eurozona han intentado combatir la crisis financiera y la consiguiente recesión con actuaciones muy expansivas. Esta estrategia genera la siguiente dinámica: si el aumento de la oferta monetaria de un país reduce las tasas de interés por debajo de los existentes de otro país, cuya política monetaria es más restrictiva, específicamente en mantener represada su oferta monetaria por diferentes motivos, se crean las condiciones idóneas para que los operadores del mercado se endeuden en la moneda del país donde aplica la reducción de los tipos de interés y presten a ese país con poca masa monetaria en circulación y por ende tiene mayores tasas de interés. Esto conduce de manera inexorable a una depreciación de la moneda de aquellas economías en las cuales la cantidad de dinero en circulación crece más rápido respecto a la de aquellas en las que lo hace a menor velocidad. No tiene nada que ver con la teoría clásica de las devaluaciones competitivas, sino que es un subproducto de la política anti-recesión de la banca central.

El principal riesgo para la economía mundial no estriba en una carrera de devaluaciones competitivas entre todas o las principales regiones del Planeta, sino en la resurrección del proteccionismo. Esa fue la causa determinante de la propagación a escala global de la Gran Depresión y de su larga duración. Los tasas de cambio tenderán a estabilizarse a medida que las autoridades monetarias comiencen a revertir las medidas “extraordinarias” puestas en marcha para afrontar la Gran Recesión. Esto es inevitable, salvo que los países estén dispuestos a aceptar un incremento exponencial de la inflación y, con ella, la pérdida de las teóricas ganancias de competitividad obtenidas con la devaluación. Al mismo tiempo, las economías emergentes, no lograrán mantener de manera indefinida tipos de cambio artificialmente bajos, con controles de capitales, sin poner en peligro su estabilidad y su crecimiento.

Amenaza disputa comercial

Las tensiones cambiarias amenazan con escalar a una guerra comercial, lo que representa una preocupación real y latente, pese a la declaración de buenas intenciones de las principales economías mundiales. A pocos días de que el G20 se comprometiera a no depreciar sus monedas para impulsar las exportaciones, el gobierno sudafricano anunció que debilitará su moneda para estimular el crecimiento. Al estar abogando por la estabilidad monetaria pero sin medidas concretas, revela la fragilidad de la estabilidad global. Uno o varios países seguirán recurriendo al proteccionismo comercial como el único instrumento doméstico para apoyar un reequilibrio necesario.

Uno de los conflictos comerciales que más se ha encendido en el último tiempo es el protagonizado por Estados Unidos y China. El rápido crecimiento del país asiático y el alto desempleo de Estados Unidos se combinan claramente para desatar una guerra comercial entre las dos mayores economías mundiales.

Es necesario avanzar hacia sistemas de tipo de cambio más orientados a las necesidades de compradores y vendedores, que reflejen los fundamentos económicos subyacentes, y a abstenerse de devaluaciones competitivas de las divisas. Los países con economías avanzadas, incluidas aquellas con divisas de reserva, deben estar atentos para evitar el exceso de volatilidad y el movimiento desordenado en sus divisas. Por los momentos debe haber una vigilancia más estrecha a aquellos países con desequilibrios persistentemente grandes e ir desarrollando guías indicativas para las balanzas comerciales.

Un control cambiario férreo  afecta internamente la economía de un país e a lo largo del tiempo, de allí el llamado que múltiples sectores a que se replanteé todo el sistema cambiario venezolano simplificándolo ostensiblemente y ajustándolo a una única tasa de cambio, pues en los actuales términos resulta contraproducente para nuestro desarrollo y especialmente pernicioso para los estratos de la población menos favorecidos. En cuanto a la libre flotación de las divisas no debe incidir seriamente la economía siempre y cuando tenga una fortaleza en sus exportaciones diversificada y no su supuesta atractivo no se yerga sobre el tipo de cambio. Para eso debe desarrollar considerablemente su economía, su producción y la competitividad con el resto del mundo, donde participen y se involucren todos los entes sociales generadores riqueza y apuntando hacia la diversificación de la oferta agregada. A mayor libertad de conversión cambiaria mayor es la confianza  que cunde en todos los agentes multiplicadores del progreso.

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