Orígenes e importancia del comercio Internacional

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Orígenes e importancia del comercio internacional

El comercio internacional es relevante por su contribución a la satisfacción de las más variadas necesidades de los países.
Sobre la base de esta convicción se ha defendido la libertad de comercio como un instrumento que permite lograr un objetivo que podemos considerar universal: la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de la población mundial, que está íntimamente relacionada con la renta económica generada y su posterior distribución. Además, el comercio internacional optimiza la movilidad de los recursos.
Finalmente, también incide en la formación de los precios internos, en los niveles de empleo, de inversión y en la elaboración de las políticas económicas.
El comercio se cuantifica con diversas herramientas de cálculo, la cuenta corriente de la balanza de pagos, así como las instituciones que llevan las estadísticas del comercio exterior, nos dan cuenta de la importancia y las tendencias del relacionamiento de un país con el resto del mundo en materia comercial.
Los orígenes del comercio se remontan a finales del neolítico, cuando se instituyó la agricultura. Al principio era una agricultura de subsistencia, donde las cosechas obtenidas eran las justas para la población dedicada a los asuntos agrícolas. Sin embargo, a medida que iban incorporándose nuevos desarrollos en esta actividad, las cosechas obtenidas eran cada vez mayores y los excedentes facilitaron un intercambio local de otros bienes por alimentos, que dieron paso al trabajo con los metales, la rueda, el torno, la navegación, la escritura, nuevas formas de asentamientos urbanos, etcétera.
A lo largo de la Edad Media, empezaron a surgir unas rutas comerciales transcontinentales que intentaban suplir la alta demanda europea de bienes y mercancías. Entre las rutas más famosas destaca la Ruta de la Seda, pero también había otros importantes como las rutas de importación de especias.
De las distintas corrientes del comercio internacional, por orden cronológico resaltan las siguientes:
Corriente Griega. Cuando el esclavismo se ha asentado y se desenvuelve en forma extraordinaria, el pensamiento económico evoluciona y se empiezan a desarrollar ideas que corresponden a este nuevo modo de producción; Platón fue uno de los primeros estudiosos de la sociedad, pero Aristóteles fue el que más hizo avanzar el pensamiento económico de la época. Platón explica la división del trabajo como consecuencia de las diversas aptitudes naturales de los hombres y de la gran cantidad de necesidades humanas.
Aristóteles fue el que más hizo avanzar el pensamiento económico de la época. Asentó las bases de la teoría del valor al distinguir entre valor de uso y valor de cambio (aunque no en forma precisa).
Corriente Escolástica. En primer lugar el pensamiento económico de la Edad Media se basa en los preceptos aristotélicos y la doctrina de la Iglesia Católica. Las ideas económicas formaban parte de las enseñanzas morales del cristianismo. Consideraban la economía como un conjunto de leyes, entendidas como preceptos morales cuya finalidad era la buena administración de las actividades económicas.
Formulan principios del precio justo, el cual depende del valor inherente de las mercancías. Tomás de Aquino resalta dar una valor de cambio basado en el costo de producción, revestido de carácter ético. Consideraban inicialmente todo cobro de interés por el dinero prestado como usura y por tanto la condenaban, posteriormente consideraron el préstamo como un cambio de propiedad y el interés como impuesto sobre el trabajo del prestatario. Podemos inferir que las ideas de los escolásticos eran una representación idealista de la realidad.
Corriente Mercantilista. Desde el feudalismo se van gestando las condiciones que serán predominantes en los siglos posteriores; es decir, las premisas del desarrollo capitalista. El mercantilismo es la doctrina económica que refleja las condiciones del capitalismo comercial del siglo XVI y XVII.
Corriente Fisiócrata. La escuela fisiócrata surge en el siglo XVIII y es a juicio de algunos autores la precursora de la economía moderna. Esta escuela considera a la agricultura como la principal actividad realmente productiva, porque es la única que da un producto neto, y a la industria, al comercio y a los servicios como actividades accesorias, en vista de su concepción materialista de la riqueza; que las sociedades humanas al igual que el mundo físico están sujetas a un orden natural, al que frecuentemente atribuyen carácter providencial, por lo que el Estado debe limitar su intervención.
Corrientes Clásica y Moderna. A fines del siglo XVIII se dieron una serie de cambios -inspiradas por la revolución industrial y el auge de los mercados de América y Asia- que habrían de modificar las relaciones de producción predominantes y en consecuencia, las doctrinas económicas también fueron evolucionando en la búsqueda de explicaciones a los nuevos fenómenos que se desarrollaban. Se introducen técnicas más eficientes de producción y por ende la oferta de bienes.
Todas estas corrientes en la evolución del comercio dieron pie a la continua interacción de los mercados, para que posteriormente a las guerras mundiales, sentar las bases de la mayor integración e interdependencia de los mercados que los países hayamos vivido en la historia; hoy en día, y gracias a las herramientas telemáticas de comercio electrónico, en segundos conseguir lo que a veces tardaba meses, acortando los tiempos y las distancias, el gran reto es la armonización de los mercados laborales y regulatorios para que también logremos transferir los mecanismos de organización social que han logrado generar bienestar en los países más aventajados tecnológicamente. La relación entre mayor libertad económica y desarrollo es irrefutable.

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